Buscando el equilibrio entre Eros y Thanatos. Mi nueva vida sin la enfermedad de Alzhéimer

Muy buenos días, queridos/as compañeros/as de cuidados:

Me tomé dos meses antes de escribir este post. Sabía que debía hacerlo, porque hay cosas que quiero expresar y compartir con ustedes. Pero nunca terminaba de hacer el acopia de fuerzas suficientes para enfrentarme a esta tarea. Qué sé yo… es complicado… por mucho que una intente llevar bien las ausencias en su vida, las heridas están aún sin cicatrizar.

Bueno, como algunos/as saben, el 31 de enero falleció mi hermano. Se veía venir, llevaba un par de meses preparando su partida. Él ya no podía comer bien, estaba en los huesos y los médicos nos aconsejaron dejar que su enfermedad de Alzhéimer siguiese su curso sin interferencias artificiales. ¿Para qué prolongarle su sufrimiento? Lo más ético era conducirlo hacia una muerte digna, aplicando cuidados paliativos para que padeciese los menores dolores posibles. Y así lo hicimos.

Fue muy duro… todo… nos solo su fallecimiento, sino todo lo vivido en los últimos meses. Además, su deceso coincidió en plena época de crisis sanitaria, con el COVID-19 campando a sus anchas en nuestra ciudad. Lo que hizo todo el proceso de despedida más farragoso y estresante, si cabe.

¡Pero ya, pues! Por fin su suplicio terminó. Mi hermano se fue de golpe, pero luchando como un valiente hasta el último segundo. Su vida se apagó al igual que lo hace una bombilla de luz cuando se funde y suelta un último estallido. En su caso fue un suspiro lo suficientemente estentóreo como mensaje de despedida.

Ese fogonazo me acompañará para el resto de mi vida. Y para bien. Porque tuve la suerte de que muriese en mis brazos, sufriendo mis insistencias de que expulsase su enésima flema y no sé cuántas tonterías más. Lo que sé es que conseguí mi objetivo de que lo último que escuchase en su vida era mis comentarios, entre animosos y absurdos; y sintiese mi calma y mi esperanza de que todo saldría bien.

ENTRE EROS Y THÁNATOS

Su partida aún es reciente. Creo que la llevo bastante bien. Sigo dándole la lata con mis insistencias rompepelotas, digna más de una madre que de una hermana. Le mando mucha luz, mucho amor, le pido que me envíe señales o sincronías que me indiquen que, a pesar de no compartir más la misma dimensión, sigue estando a mi lado. ¡Y el tipo me re-banca, me apoya, y estoy segura de que intercede por mí para que las cosas me vayan lo mejor posible! 😃

Pero quizás lo peor para mí tras su fallecimiento es hacerme consciente de TODO lo vivido desde que nos dieron su diagnóstico, allá por el año 2014. Ese es el peso inevitable que nos cae a los/as cuidadores/as cuando dejamos de serlo: repensarlo todo, revivirlo, reevaluarlo.

Afortunadamente, no dejo que la pulsión thanica me suma en un mar de tristeza y auto-reproches. Obviamente, sé que me mandé unas cuantas cagadas, que pude haber hecho algunas cosas distintas. Pero también sé que siempre lo hice lo mejor que pude con los conocimientos y el nivel de consciencia que tenía en cada momento.

Y lo cierto es que, a pesar de momentos puntuales de desasosiego y pesadumbre por su ausencia, mi vida y la de mi familia está un poquito mejor. Más tranquila, somos un poco más libres. Ni alzhéimeres ni COVID nos fustigan. Y está bueno vivir así, con ciertas dosis de armonía y sin ver padecer a nadie lo insufrible.

Sin duda, las enfermedades degenerativas son lo peor que hay. Enseñan mucho, pero golpean mucho también. Nos enfrentan demasiado con nuestra dualidad eterna de seguir apostando por nuestro instinto de Eros o dejarnos arrastrar por el instintos más agresivos y desoladores de Thanatos.

Sin embargo, en estos meses de duelo, me siento más identificada con mi Eros que nunca. Sobre todo, porque me siento muy agradecida por tantas experiencias vividas. Y, en realidad, por eso quería escribir este post, para dejar constancia de ello 😊 .

5 COSAS QUE AGRADEZCO COMO CUIDADORA

Y es que, precisamente, amigos/as, sobre todo siento mucha gratitud. Me siento bendecida y afortunada por todo lo vivido durante estos años de demencia atroz y galopante.

  1. ✨Me siento agradecida porque mi hermano, a pesar de sus males, siempre supo aportar un vaso bastante lleno a esta mesa que fue su enfermedad. Fue un enfermo fácil de llevar, con una dignidad, una elegancia y un espíritu de supervivencia sencillamente admirables. Como sospecho que solo un Leo con ascendente en Libra podía hacerlo 😉
  2. ✨ Me siento agradecida por todas aquellas personas de mi círculo cercano y otras desconocidas que nos ayudaron mucho durante esta situación tan crítica. Profesionales como la copa de un pino con un corazón de oro que nos abrieron todas las puertas posibles y nos allanaron muchísimo este camino angustioso y tortuoso de por sí.
  3. ✨Agradezco de corazón el haber tenido siempre a alguien a mi lado en los momentos más jodidos, cuando más desesperada, abrumada o desolada me sentía. Ya sea cuidadores externos, personal sanitario o familiares. Siempre, como por «casualidades» del destino, había alguien ayudándome a no desfallecer y dándome una mano más allá de lo meramente profesional.
  4. ✨ Me siento agradecida por haber conocido a través de este blog a muchas personas de gran corazón, cuidadoras en la mayoría de los casos, que me arroparon durante todos estos años. La verdad, nunca entendí muy bien qué fue lo que me llevó a empezar este blog, pero sí sé que sin el alzhéimer de mi hermano jamás lo hubiese creado. ¡¡Y cuántas satisfacciones me trajo!!
  5. ✨Y le agradezco a la vida esta oportunidad que me dio de, curiosamente a través de la enfermedad de mi hermano, estrechar lazos de amor y complicidad con él, como nunca antes los tuvimos. Realmente, siento que en estos últimos años crecimos juntos y creamos una armoniosa simbiosis. ¡¡Fuimos un gran equipo!! 🤩 En este sentido, creo que hemos podido corregir esa relación distante que siempre habíamos tenido cuando ambos estábamos sanos.

Y les cuento todo esto porque quiero compartirles la gran lección que aprendí siendo cuidadora y siendo familiar de enfermos crónicos y con Alzheimer. A saber, que siempre el vaso está medio lleno. Siempre. Sé a que muchas personas cuidadoras les cuesta ver el lado positivo en esta situación, pero de veras que nos pasan cosas muy positivas por ser cuidadores/as.

QUE EN ESTA NUEVA ETAPA DE MI VIDA EL AMOR SEA MI BRÚJULA

Y es que aún en las peores circunstancias, hemos de comprender que las sombras realmente son un cúmulo de iluminación no destapada. Pero cuando uno/a atraviesa esos parajes sombríos, la vida se va abriendo en numerosos haces lumínicos, que transforman nuestra cotidianidad en un espacio lleno de cosas y, sobre todo, personas buenísimas y espléndidas que nos devuelve todo lo que vamos perdiendo por el camino.

En mi caso, hablo de situaciones y seres de luz que, de no ser por la enfermedad de mi hermano, jamás hubiésemos conocido ni disfrutado. Gracias a ellas mi vaso siempre ha permanecido más lleno que vacío y me han enseñado de una forma irrefutable que el Universo todo lo armoniza y siempre hay un motivo para agradecer 🥰. ¡¡¡Verdad verdadera!!!

De veras, amigos/as cuidadores/as. Yo sé que toda esta experiencia no es trance sea sencillo, apacible ni cómodo; pero si tenemos la mente y el corazón abiertos, podemos apreciar toda una montaña de cosas positivas que nos devuelven la fe y la confianza en la vida. Empezando por el hecho de que desempeñar el rol de cuidadores/as nos obliga a frenar un poco, dejar de ir en piloto automático y replantearnos nuestra vida entera. Y, por ahí, ya nos encontramos con la primera gracia de este oficio tan agridulce. Después poco a poco irán llegando otras. ¡Acuérdense de lo que les comenté sobre el mito de Quirón!

Por eso se los digo, amigos/as… De hecho, se los prometo: el vaso siempre está, cómo mínimo, medio lleno. Así que menos temor y pensamientos negativos y mucho valor para atravesar cualquier situación desagradable y exigente. Pues son justo ese tipo de experiencias las que nos hace convertirnos en personas más valiosas y enriquecidas, más ingeniosas y luchadoras. ¡Ideales y suficientemente aptas para experimentar cualquier pandemia sin perder la calma, diría yo 😉!

Además, piensen que todo esto se los digo yo, que como cuidadora siempre he sido un puto desastre: no tengo vocación ninguna ni tan siquiera creo que sé cuidar de mí misma, ¡ja, ja! Y sin embargo, así y todo, ser cuidadora me ha hecho mejor persona de lo que jamás hubiese sido sin esta experiencia tan febril.

En fin, amigos/as, ¡¡aprovechen con energía e ilusiones cada día y honren sus esfuerzos y sus empeños mientras son cuidadores/as!! 🥰👏 Crezcan de forma consciente durante esta etapa de sus vidas. Y cuando en los peores momentos se debatan entre darle cancha a su instinto de Eros (vida) o su pulsión de Thánatos (muerte), elijan siempre apreciar la vida a través de su eros.

Los/as quiero mucho y seguiré por aquí con todos/as ustedes, compartiendo más experiencias y reflexiones sobre todo lo que implica ser cuidador /a.

¡¡Un abrazo inmenso, muchas bendiciones y gracias por tanto apoyo y tanta compañía!!

😘😘😘

CÓMO DEBERÍAN TERMINAR CADA JORNADA LOS CUIDADORES DE ALZHEIMER

DSC04965

Ejercicios manuales que aportan placidez, autoconocimiento y mucha calma anímica.

¡Buenas noches, amigos!

Ya va siendo hora de dar por concluido el día de hoy. Pero me gustaría compartir con  todos ustedes un par de costumbres que adopte desde que soy cuidadora principal para poder irme a la cama tranquila y con la satisfacción de que la vida, a pesar de los pesares, tiene sentido y vale la pena vivirla :). ¡Mentalidad positiva al 100%, ya saben!

Les cuento, pues: entre las rutinas diarias que me obligo a realizar cada noche, cuando por fin me tomo un tiempo para desconectar de mi labor de cuidadora, aprovechando que mi hermano se va a dormir, se encuentran  dos hábitos muy introspectivos: el primero, hacer una lista mental o escrita de todas las cosas buenas que me ha brindado el día que se termina, y agradecer a la vida por ello; y el segundo, evaluar mi labor como cuidadora durante ese día (qué he hecho bien, en qué me precipité o cometí un error y, por tanto, qué debería corregir,  y qué aprendí hoy de nuevo).

DOS EJERCICIOS SENCILLOS, PERO NECESARIOS, PARA TERMINAR EL DÍA^^

El ejercicio de expresar mi gratitud me ayuda a ser consciente de todos esos pequeños y grandes detalles que suceden en mi jornada y me facilitan la vida, o bien, me imprimen una inyección de alegría; digamos que es una fórmula sencilla para mantener una actitud optimista, a pesar de los numerosos episodios de estrés, fatiga o desazón que salpican mi día a día como cuidadora permanente de una persona con alzheimer. En cuanto al ejercicio de autoevaluación, me permite aprender sobre la marcha cuáles son mis debilidades y mis fortalezas en el desempeño de mi rol de cuidadora, ya que, cuando se convive con una dolencia tan imprevisible, agitada y ciclotímica como son las demencias, poseer una actitud abierta a la flexibilidad y los reajustes in situ resulta una condición sencillamente apremiante. En cualquier caso, lo positivo de ambas costumbres es que contribuyen a sentirme mejor, al mismo tiempo que me otorgan altas dosis de relativismo, claridad y autocontrol sobre el funcionamiento de mi vida.

En realidad, el recurso psicológico de expresar gratitud está en boca de todo profesional de la salud mental  o experto en coaching  que se precie. De hecho, no es nada complicado conseguir plantillas o libros de ejercicios (en la página de ximenadelaserna.com tiene unas maravillosas que pueden descargarse gratuitamente) que ayuden a implementar este hábito tan beneficioso para el alma y que, además, evita que uno caiga tanto en el victimismo tóxico,  como en la zozobra emocional.

En cambio, la autoevaluación es un ejercicio que, al menos yo, extraje de mi formación profesional como pedagoga social. Y es que la evaluación es ese método imprescindible que se utiliza para medir la calidad de un producto o una acción que realizamos y tiene como finalidad señalar si vamos en el camino correcto o si pecamos de defectos o fallos que han de ser subsanados con el fin de lograr un trabajo más eficiente, siempre en pos de la mayor excelencia.

EL HÁBITO DE AUTOEVALUAR NUESTROS CUIDADOS ACUDIENDO AL SENTIMIENTO DE EMPATÍA 

Los cuidadores, por nuestra intervención e interacción constante con otra persona a la que hemos de prestar ayuda, deberíamos abrazar el hábito de evaluar reiteradamente nuestras acciones, nuestro modus operandi , respondernos a la pregunta de qué clase de atenciones  y cuidados proporcionamos a nuestros enfermos y si éstos se hallan en consonancia con lo que realmente exige nuestro dependiente de nosotros. Porque no hay que olvidar que está en nuestra mano la responsabilidad de su bienestar. Tal vez suene muy exigente y abrumador, pero es la mera verdad: así son las cosas cuando se trabaja en el afán de mejorar la vida de otras personas.

En todo caso, la estrella polar de toda  acción que ejecutemos como cuidadores ha de ser la empatía, es decir, el llevar a cabo la práctica de ponernos en el lugar del enfermo e intentar entender qué necesita,  para qué podemos serle útiles realmente, o dicho en otras palabras: si nosotros fuésemos un enfermo con alzheimer, ¿qué precisaríamos de los demás?

Parece una cuestión sencilla y lógica al leerla, ¡pero nada hay más laborioso que buscar la objetividad en las subjetividades ajenas! Y dicha laboriosidad se ve agravada con un plus de dificultad en el caso de aquellas personas que se pasan la vida desempeñando el papel de cuidadores, una tarea de consecuencias extenuantes y que deja escaso espacio y tiempo libre para reponerse a nivel emocional y físico.

Processed with VSCOcam with f2 preset

Y es que tener que albergar la capacidad de empatizar con una vida ajena, cuando tú te ves ofuscada entre tanta presión y responsabilidad, resulta una labor que, en ocasiones, exige mucha fuerza de voluntad. ¡Vaya si no!

NO SIEMPRE EL ESFUERZO DEL CUIDADOR ES PRODUCTIVO Y OFRECE LOS RESULTADOS DESEADOS.

Pero es sumamente importante repensar nuestro trabajo como cuidadores, amigos, porque muchas veces caemos en el error de confundir esfuerzo extra como resultados deseados. ¿A qué me refiero con esto? Que, si bien nadie puede poner en duda que como cuidadores damos el 200 % por nuestro familiar enfermo, eso no significa que nuestro enfermo tenga los cuidados y la vida de calidad que debería.

Esto se debe a que la mayoría de nosotros somo «cuidadores informales», es decir, no somos cuidadores por vocación ni nos formamos para ello. De hecho, lo ideal, ideal, ideal, sería que cada cuidador contase con un grupo de trabajo que los ayudasen en esta labor repartiéndose las tareas.

En este sentido, el contar con recursos externos de cuidados (clases, talleres, centros donde poder llevar a nuestro familiar algunas horas para los profesionales pertinentes trabajan con ellos en áreas distintas de la salud, desde el ocio hasta las actividades terapéuticas o de estimulación cognitiva) resulta prácticamente una necesidad , no sólo para que el cuidador descansa de su labor permanente, sino especialmente por el bienestar de nuestro familiar. Otra cosa es que desgraciadamente no todos los cuidadores puedan hacerse con este recurso, lo sé… 😦

Este asunto lo he tratado en otras entradas de este blog (ver aquí)

Y esto , queridos compañeros, es una verdad muy dura. Al menos para mí aceptarla fue como choque emocional. Pero por eso es tan indispensable ser empático y evaluar hasta qué punto estamos haciendo bien nuestro papel.

Porque no se trata de lo que pensemos nosotros desde nuestro ego, nuestro ser; sino desde el punto de vista de nuestro familiar que, infelizmente, no puede ya expresarse, pero tiene unas necesidades propias que van más allá de los cuidados físicos o el mero acompañamiento o supervisión.

Hay que estar muy atentos a esta cuestión y ser lo más objetivos posible. Y es que, en temas de cuidados no siempre querer es poder. Y no porque no seamos unos cuidadores fabulosos, eh. ¡Nada que ver! Simplemente es que nuestro enfermo necesita más atenciones de las que puede ofrecerle una única persona.

beach-731136_1920

No obstante, amigos, he de confesar que en este aspecto juego con una cierta ventaja, ya que siempre me ha gustado trabajar en la intervención con personas en situación de desventaja o riesgo de exclusión social. De hecho me formé como educadora social y cuento con un poco de pericia laboral en este ámbito.

Aun así, y como todo el mundo, tuve que aprender en algún momento a desarrollar dicha actitud empática, al igual que la destreza evaluarlo todo.  Así que… ¡todo es empezar, amigos!

Todo es cuestión de trabajar la realidad con nuestra mente, ¡visualizarla más allá de lo observable, sí! ¡Suena a superpoderes, ¿a que sí?! ^^  En definitiva, y volviendo al tema (que yo soy una experta en distorsionar las conversaciones importantes mediante comentarios absurdos, ¡¡perdón!!), hay que ser muy conscientes de que debemos trabajar regidos por el impulso empático, porque eso es justamente lo que nos lleva a autoevaluarnos y a perfeccionar nuestro desempeño como cuidadores.

Nunca voy a tener la plena convicción de si hago lo correcto o no, pero lo que sí es verdad es que esta actitud asertiva y analítica me ayuda a mí misma a aceptar esta vivencia crítica con la mayor de las templanzas, erradicando toda manifestación de drama, conmiseración o histeria.

Larga historia hecha corta, ésta es la experiencia (y el consejo) que les comparto hoy: yo nunca me voy a dormir sin previamente elaborar mi lista mental de gratitud y pasar mi examen de autoevaluación, ni me levanto de la cama al día siguiente sin musitar un cordial saludo al nuevo día que comienza en esta mi vida actual. De ahí mi ya mítico mantra de “¡buenos días, alzheimer!” :).

En fin, esto es todo lo que quiero decirles por hoy. Espero que les haya parecido interesante mi reflexión y que ustedes se animen a dar su opinión al respecto 🙂 . Además me interesa saber cuáles son sus costumbres para finalizar su día con mejor humor o qué hábitos o rituales nuevos han ido adquiriendo nuevos desde que son cuidadores ¡¡Cuéntenmelo, por favor!! ¡Seguro que tienen mucho que enseñarme como cuidadora! ^^

Un abrazo inmenso para todos. Cuídense mucho, cuidadores ;).