LAS MUERTES SIMBÓLICAS QUE SE IMPONEN EN LA VIDA DE LOS CUIDADORES

sunset-100367_1920

¡Muy buenos días, cuidadores!

¡Me late mucho encontrarnos de nuevo en este espacio tan nuestro para tomarnos un tiempo aparte en el cual reflexionar sobre nuestra vivencia como cuidadores 🙂 !

En esta ocasión me gustaría plantearles una cuestión psicológica y emocional que creo necesario que tratemos aquí, ya que su entendimiento y asunción nos puede mover hacia adelante. Se trata de darnos el derecho a transformarnos, a dejar morir una etapa en la que fuimos un tipo de personas para dejar paso a un nuevo estado personal, más acorde con la realidad que vivimos como cuidadores, o simplemente como familiares de un individuo con una enferma degenerativa.

Y este tema se inspira en comentarios que me llegan de otros cuidadores que me confiesan lo mal que llevan su labor de lazarillos de sus familiares con demencia, destacando lo difícil que les resulta enfrentarse al nuevo estado de indefensión, de pasividad o de extrañeza que muestran los enfermos, cuando antaño eran ellos quienes los cuidaban, llevaban el peso de la unidad familiar o con su presencia reforzaban las relaciones naturales de padre/madre-hijos, hermanos-hermanas, esposos-esposas, etc.

Me refiero a esos comentarios tan afligidos que emiten muchos cuidadores como: «me duele tanto ver que mi madre, que era una mujer tan fuerte y luchadora, ahora tiene que depender absolutamente de los demás»; « mi padre, que era tan independiente ahora está imposibilitado/a y yo debo hacerle todo»; «teníamos tantos planes de futuro con mi pareja, hacíamos tantas cosas juntos, y ahora ya ni siquiera me reconoce como su compañera/o (esposa/o)».

Estas palabras, al margen de mucho pesar por el destino que atraviesan sus seres queridos, esconden un gran problema psicológico en la persona cuidadora que los catapulta irremediablemente a la tristeza infinita y a la frustración perenne: que siguen anclado al pasado y no han elaborado todavía el duelo ineludible que requieren este tipo de experiencia tan traumáticas e impactantes.

Por eso, amigos, quiero que hagamos entre todos un ejercicio de honestidad e introspección individual y admitamos la importancia de darnos el derecho, sino obligarnos, a pasar por una muerte simbólica de nuestro yo pasado. Ese yo que antes se reconocía como hijo/a, como hermano/a, como pareja de, pero que, dadas las circunstancias, ahora debe afrontar una experiencia lastimosa de orfandad, viudedad o fraternidad figurativa, para actualizarse y encarar la realidad con mayor realismo (valga la redundancia ^^).

Porque he tenido que vivir esta experiencia en dos ocasiones en mi no tan larga vida, sé que no es nada agradable hablar de eso, y mucho menos de vivenciarlo. La muerte sea del tipo que sea, sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad, algo que asociamos al miedo, a lo que escapa de nuestro control. Pero la muerte psicológica también implica transformación, evolución y la oportunidad de sentirnos vulnerables, y con ello, más humanos que nunca.

LA MUERTE SIMBÓLICA: EL FIN DE UNA ETAPA DE NUESTRA VIDA PARA DEJAR PASO A OTRA QUE COMIENZA

13077000_10154160711777806_1640851062334310133_n

Así, partiendo de esta sensación de vulnerabilidad es cuando nos damos el chance de pararnos a sentir y a reflexionar sobre lo que implica vivir al lado de un enfermo crónico y dependiente, y entendemos que si nos sentimos estancados en la vida, sin ilusiones que nos empujen a ir hacia arriba y soportando la frustración y la rabia que provoca el tener que ser cuidadores es porque aún no hemos dado el paso crucial de vivir el duelo que nos toca sí o sí. Nos estamos debiendo un réquiem por nosotros mismos.

En este punto, les voy a echar un cuento… mi propio cuento: durante los primeros años que vi a mi madre padeciendo su enfermedad de Alzheimer, no entendía exactamente qué estaba pasando, qué tipo de dolencia sufría, por qué se comportaba de forma tan errática y ya no ejercía su papel de madre amorosa y protectora conmigo. Claro que estar yo en plena edad del pavo tampoco me predisponía a un mayor entendimiento… Pero el caso es que, un día, cuando yo ya había cumplido los 16 años y tuve que ocupar el papel de cuidadora principal durante unos meses, al fin tuve ese momento de lucidez donde, como dicen mis amigos mexicanos, me cayó el veinte (¡ja, ja! me encanta esta expresión^^). Por fin me di cuenta que nuestros roles habían cambiado, que mi mamá era una criatura que estaba bajo mi cuidado y que yo debía comportarme como su madre y darle toda la atención y protección que requería.

Y ello me llevo a reconciliarme con la situación que nos rodeaba, a aceptar cuáles eran mis responsabilidades y que mi papel en su vida tenía una importancia primordial. Fue un momento espiritual de dejar morir mi rol de hija para permitir que renaciera una Sabrina más madura y con la clara misión de ser la madre de mi madre. Y ese fue un punto de inflexión en nuestra relación, ya que me llevó a entender más su padecimiento  y a comprometerme en ayudarla en su proceso de persona enferma. Y les aseguro que guardo unos recuerdos hermosos y divertidos de esa época en la que ella me compartía sus chácharas ininteligibles (debido a su avanzada afasia) o jugábamos con su peluches preferidos.

Este cambio de esquema mental fue clave a la hora de vivir con cierta normalidad mi papel de cuidadora. Sin embargo, fíjense que tuve un descuido enorme: asumí mi rol de madre de mi madre, pero no pasé por el duelo de haberme quedado sin madre.

Pasarían muchos años hasta que me reconociera huérfana de madre de forma consciente. Y esta no actualización de mi rol familiar causó ciertas anomalías en mi vida adulta, como actuar constantemente con energía masculina (hacer, hacer, hacer todo el tiempo), encorsetando mi parte femenina (mi sensibilidad, la expresión de mis emociones); me hizo ser una persona excesivamente independiente y resolutiva, pero me cohibió mi capacidad de pedir ayuda o dejar que otros me ayuden; me hizo muy responsable y comprometida, pero mi inhibió mi capacidad de saber divertirme más y conectar con mi niño interno. Y por eso mis relaciones de pareja fueron tan… deficitarias (pero bueno, eso es otro cantar… no vamos a entrar en ello ¡ja, ja!)

dovetail-3495224_1920

En la actualidad, he tenido que enfrentarme a un proceso de transformación interna o muerte simbólica con mi papel de hermana. Yo soy la menor de dos hermanos, pero desde que mi hermano padece Alzheimer, no sólo he debido desempeñar el papel de cuidadora de él, sino que también debo hacerme cargo de atender las necesidades de  mi padre y de mi abuela, que ya son personas mayores (tienen 72 y 88 años, respectivamente). Tanta carga de responsabilidades domésticas me tenían abrumada, me asfixiaba. Últimamente sentía que mi libertad estaba supeditada a las obligaciones familiares y no entendía porqué de repente tenía que cargar yo con todo…

Hasta que un día, hace menos de un año, y escuchando una canción del cantautor italiano Rino Gaetano titulada «Mio fratello é figlio unico» («Mi hermano es hijo único») caí en cuenta de que yo también me había convertido en hija única, a pesar de tener un hermano. Y si bien esa certeza interna me lleno de tristeza, procesé el luto, y llegué al punto de aceptar mi nueva condición familiar. Y no es que desde entonces me sienta feliz y dichosa de mi suerte, ¡para nada!; pero sí me ha ayudado a reconciliarme con mi nueva realidad, aceptar de mejor grado mis responsabilidades y ser consciente de que ya no puedo contar con el apoyo de mi hermano para repartirnos esas tareas.

Lo que intento decirles con estos ejemplos de mi vida personal, amigos, es que todo cuidador de un familiar enfermo crónico tiene que pasar tarde o temprano por estas muertes psicológicas para adaptarse a la realidad, con el fin de salir de ella lo más airosos posible y alcanzar un cierto bienestar emocional, lo cual obtendremos toda vez que seamos compasivos con nuestros procesos y los de los demás, adquiramos una mentalidad más flexible y abierta a los cambios que se van dando en la vida familiar y aceptemos que las cosas ya no son como antes.

CÓMO NOS PODEMOS AYUDAR EN MOMENTOS DE GRANDES CAMBIOS

Seamos honestos, amigos: ser cuidador puede ser una experiencia durísima. Enfrentarnos a la cruda realidad de que somos seres muy frágiles y que ante determinadas enfermedades no tenemos nada que hacer, nos puede golpear el alma de tal modo que el trauma que nos genere puede dejar heridas psicológicas y emocionales de por vida. Pero ahí es donde entra en juego el inmenso poder que tiene nuestra actitud, nuestra inteligencia emocional y nuestra capacidad de adaptación.

Tener el coraje de afrontar los cambios desde la raíz de los mismos supone atravesar el proceso de dejar morir simbólicamente una etapa de nuestra vida para permitir que renazca una nueva.

Lo sé… para eso es necesario darnos la oportunidad de sentirnos vulnerables y al mismo tiempo reunir fuerzas para no dejarnos vencer por la desolación y la depresión. Un equilibrio un poco-bastante complicado de conseguir… ¡pero no imposible! El secreto está en realizar los cambios oportunos cuanto antes 😉 .

Por lo demás, la urgencia de elaborar estos cambios profundos viene dada por la razón de que es un buen modo de combatir el estrés, el agotamiento emocional y hasta los estados depresivos.

sunset-657148_1920

«El cambio se da cuando el dolor de permanecer igual es más grande que el dolor de iniciar el cambio» Mia Pineda

Pasar por una muerte simbólica significa entender que ya no podemos volver a los viejos tiempos, a los patrones que antes nos servían, ni a un estado anterior. Elaborar un ritual de duelo por ese yo que fuimos y por las relaciones que antes manteníamos con nuestro enfermo es necesario para asumir esa pérdida y cerrar ciclos.

Cuando aparecen cambios drásticos que afectan a nuestras rutinas o a las estructuras básicas de nuestra vida, y que además vienen impuestos desde afuera, es preciso interiorizarlos, emularlos en nuestro mundo psicológico, porque eso nos ayuda a asumirlos; es decir, nos ayuda a reconciliarnos con la realidad que estamos viviendo en el momento presente.

Al mismo tiempo, vivir el presente de forma consciente (tal como les comenté en otra entrada de este blog) nos libera de andar en piloto automático y de esas guerras internas que anidan en nuestro ser motivadas por el hecho de aferrarnos a un pasado que ya no existe y que anhelamos que regrese para que todo vuelva a ser como antes, y lidiar con un presente que nos desconcierta, que nos resistimos a aceptar porque impone un desapego a lo que nos era familiar y habitual.

Pero seamos realistas: sabemos que nada va a ser así nunca más, que el pasado ya no va a volver, y cuanto más nos obstinamos en añorarlo más vamos a sufrir. La nostalgia es una enorme fuente de dolor e ira que nos estanca, nos anestesia y nos impide ir hacia adelante (¡Hola DEPRESIÓN!)

Cuando somos cuidadores, una de las primeras cosas que debemos trabajar es obligarnos a vivir el presente, y con ello actualizar  nuestra dirección de vida. Saber dónde estamos parados y cuál es desde ahora el papel que ocupamos en el tablero familiar. Entender que la relación que teníamos con la persona a quien cuidamos ya no es la misma que era cuando estaba sana resulta fundamental. Y exige un cambio en quien la cuida.

Se trata, por tanto, de aceptar que un período llegó a su final y debe ser superado desde el agradecimiento sincero por todos los momentos vividos, y dejar paso a una nueva etapa vital que debemos tener la valentía y el compromiso de recibir con la mejor de las sonrisas, y diciendo adiós a los viejos apegos y a las expectativas basadas en un pasado que nos desconecta de la realidad.

Y así, teniendo la certeza de que una etapa de nuestra existencia ha finalizado para siempre caemos en una claridad mental y una paz interior que nos va a llevar a crear una estabilidad nueva construida sobre la base de la realidad que experimentamos y en quiénes somos ahora.

lavender-3479492_1920

Pero, ¿saben una cosa? el aceptar nuestra vida actual nos da la oportunidad de revisar  (y actualizar) nuestros deseos y propósitos, nos permite discernir el valor de nuestra presencia en nuestro núcleo familiar y especialmente en la vida de nuestro familiar enfermo. Y nos enseña que tenemos el poder de trabajar (y modelar) las situaciones que vivimos, concentrándonos en lo que de verdad es importante para darnos esa estabilidad emocional que merecemos.

Y es que sí, amigos míos, tenemos unas reservas de fuerza interna que sólo llegamos a conocer en los momentos más críticos. Y cuando la sacamos  a la luz, cuando tenemos la valentía de pasar por una transformación personal necesaria, es cuando nos damos cuenta de cuán poderosos somos y de que poseemos la capacidad de ser alquimistas de nuestras propias vidas, al ser capaces de convertir los momentos más oscuros y confusos, en luz, en soluciones, en certezas. Y de esta forma, no solo iluminamos nuestro propio camino, sino también arrojamos luz a quienes están a nuestro alrededor y quizás no disponen de la fortaleza suficiente o la posibilidad de renacer de sus propias cenizas, como es el caso de nuestros familiares enfermos. Y eso es lo que nos convierte en un milagro 🙂

Espero que esta reflexión haya sido de utilidad para ustedes, cuidadores, y que les anime a iniciar los cambios que necesiten para actualizar su vida y mejorar su bienestar.

Por cierto, ¿cuál es su historia? ¿cómo les obligó a transformarse la enfermedad de sus familiares? Es bueno que compartan sus vivencias con otros cuidadores, porque eso ayudará a naturalizar estos procesos de cambios profundos y del ejemplo de cada uno de ustedes aprendemos todos 🙂 .

¡Un abrazo enorme, cuidadores!

 

 

 

Anuncios

DOS CARACTERÍSTICAS BÁSICAS DE LOS BUENOS CUIDADORES: SER FLEXIBLES Y SER CREATIVOS.

image
El paso de una estación a otra nos enseña cómo el cambio forma parte de nuestra vida.

¡Buenos días, cuidadores!

En el día de hoy, quisiera compartir con ustedes una reflexión que tuve que comentar con una persona conocida que me preguntó hasta qué punto cambió mi vida desde que soy cuidadora a tiempo completo.

Entonces, tuve que pensar qué me quitó y qué me aportó el hecho de ser cuidadora y tratar de forma tan intensa con la enfermedad de Alzheimer… ¿Ustedes se ponen a pensar en algo así? ¿se centran solo en lo malo, acaso?

Yo definitivamente soy de las que siempre intento captar lo bueno que soy capaz de extraer de cada situación ^^, lo que suma en mi vida personal. Tal vez peque de ingenua o incluso de egoísta, ¡vaya uno a saber! Aunque, la verdad es que a la gente le sorprende que yo siempre aluda a la parte buena del asunto y lo que yo saco de beneficiosos, ¡ja, ja, ja! No sé por qué soy así, pero a mí siempre me gustó sopesar las cosas, encontrarles el lado positivo, porque yo creo que de todo se saca un aprendizaje.Lo que está clarísimo es que para mí ser así es una necesidad, una forma de mantener a tope mi salud mental ^^.

Y, en este sentido, hay dos aptitudes personales que me ha permitido desarrollar mi faceta de cuidadora: ser una persona más flexible y ser más creativa. ¡Y créanme que de ambas cualidades siempre anduve escasa! ¡ja, ja, ja!

¿POR QUÉ ES INDISPENSABLE SER FLEXIBLES CUANDO SOMOS CUIDADORES?

Ya lo afirman los profesionales del ámbito psicológico que  una muestra clara de inteligencia emocional es la flexibilidad, el sentido de la adaptación y la capacidad de resiliencia —es decir, el ser capaces de fortalecernos tras cada adversidad que encontremos en la vida —, son todos aspectos fundamentales para alcanzar un fuerte  y sólido desarrollo emocional. Se trata, pues, de tener una mentalidad abierta a los cambios, a los novedades.

Y cuando vivimos con una persona con Alzheimer… ¿qué podemos decir de nuevo? ¡Lo cambios de humor, de estado de ánimo, de realidad, son constantes, ¿verdad? Esta demencia es un carrusel de nuevas situaciones, con necesidades que se incrementan a lo largo de las diferentes etapas de esta dolencia y delirios inusitados que nuestro enfermo nos expone en medio de sus olvidos y realidad mental paralela.

Así que, lo dicho: estoy convencida de que para quienes somos cuidadores de una persona con alzheimer, poseer un alto grado de flexibilidad puede llegar a marcar la diferencia en el desarrollo óptimo de nuestra tarea, porque nos evita que la sensación de estrés o de ofuscación nos agarre desarmados y, al mismo tiempo, seamos más comprensivos con los enfermos. No sé hasta qué punto los cuidadores salimos ganando —ya que la amargura de presenciar algunos episodios demenciales sigue ahí —, pero sí es seguro que nuestro familiar va a agradecer cierta capacidad de aplomo y  sosiego en nosotros.

umi

Por otro lado, en lo que concierne a nuestra vida particular, los cuidadores experimentamos fuertes limitaciones de movimiento y sociabilidad, hasta el punto de tener que empezar una nueva etapa personal casi desde cero, renunciando a nuestra actividad laboral o nuestros hábitos comunes. Y qué decir tiene que los diferentes cambios de humor de nuestro familiar minan inevitablemente nuestro ánimo: nos abruman y nos descolocan a partes iguales. Por eso es tan importante trabajar nuestra inteligencia emocional y aplicarla en nuestra vida diaria con el fin de, no solo no caer en la desesperación, sino también saber extraer todo lo positivo.

Nunca debemos olvidar la certeza de que “todo pasa”, nada es para siempre e indudablemente, han de venir tiempos mejores. Y si siguen viniendo tiempos malos… bueno, al menos ya estamos más entrenados en capacidad de resiliencia para salir airosos de ellos 😉

Entiendo que es muy difícil poner buena cara ante tanto dolor y sacrificio, pero, ¿conocen aquel dicho que dice lo que no mata, fortalece? ¡Pues de eso se trata!

¿Y POR QUÉ ES FUNDAMENTAL HACER USO DE LA CREATIVIDAD PARA LOS CUIDADORES?

Como les comentaba anteriormente, lidiar con la enfermedad de Alzheimer nos obliga a dejar de la lado el pensamiento racional, así como echar mano de lo consabido. Todo resulta confuso, delirante e ilógico. El hecho de que nuestro enfermo desaprenda constantemente todo lo que fue aprendiendo a lo largo de su vida, ya es visto como una locura. Pero si además añadimos los episodios de viajes mentales al pasado, paranoias, alucinaciones e invenciones varias, más que nunca cabe a los cuidadores estar preparado para las situaciones más esperpénticas y desconocidas hasta entonces. Y ser empáticos, muy muy comprensivos con el mundo interior de nuestro enfermo… lo cual no es nada sencillo.

Por eso resulta tan relevante ser personas creativas. Hacer uso en cantidades industriales del llamado pensamiento lateral o divergente, que no es otro que aquel que nos exige acudir a  una perspectiva original a la hora de entender situaciones y buscar soluciones a las mismas, más allá de la lógica corriente. Y si no tenemos agudizado este talento, no queda otra que entrenarlo.

Pensemos en que es muy, muy complicado tratar de razonar con una persona con demencia encolerizada, obstinada en su confusión o alucinación. Y en estos casos, es primordial que el cuidador agudice el ingenio y busque rápidamente la forma de calmar a su enfermo, de evitar que se produzcan episodios desagradables —principalmente el abandono del hogar por parte del paciente— y, al mismo tiempo, que el cuidador no se sienta desbordado por la incomodidad que producen estas situaciones críticas.

¿Acaso no es la enfermedad de Alzheimer un nido mental de situaciones y pensamientos inverosímiles, confusos, incomprensibles y desconcertantes? ¡Una regresión vital y un desaprendizaje progresivo en toda  regla, que rompe con todo comportamiento racional para dejar lugar a lo absurdo! Así pues, no queda otra que aprender a ser absurdos ^^, lo cual, amigos míos,requiere grandes dosis de originalidad.

En definitiva, el funcionamiento del pensamiento creativo nos lleva a buscar respuestas especiales a las preguntas de ¿de qué (otra) forma podría  haberme enfrentado a esto?, ¿cómo podría sacar adelante esto?

RECURSOS PARA ENTRENAR LA CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN Y LA CREATIVIDAD

Yo, que siempre fui de ideas fijas y mente rutinaria — o sea, era un cero a la izquierda en cuestión de flexibilidad o creatividad — he tenido en mi experiencia como cuidadora un excelente aprendizaje en cuanto a ser más flexible y permitir que la vida fluya sin tantas limitaciones y cortapisas. No obstante, también me ayudó mucho leer en estas circunstancias involuntarias libros y artículos de autoayuda o inteligencia emocional, así como ver vídeos, páginas web o escuchar programas de radio que aborden estos temas como si de un cuento se tratasen (o incluso, les confieso una pasión que poseo y que me ha ayudado mucho también: la astrología ^^, no la convencional en plan predictora, sino aquella aplicada de una manera sabia y autodirigida). Actualmente existen numeroso material textual o audiovisual dedicado a este sector. Les comparto unos pocos de los mucho que conozco y utilizo:

  • CITA CON LA NOCHE. Un programa de radio lleno de filosofía positiva.
  • EL VASO MEDIO LLENO. Una página web llena de entusiasmo y buena onda.
  • EXPLORANDO IDEASUn programa de radio canadiense maravilloso cuya finalidad es despertar nuestra consciencia creativa.
  • SER MÁS CREATIVOS. Un curso virtual impartido por la Universidad Nacional Autónoma de México, compuesto por numerosos vídeos interesantes y amenos que nos ayudan a potenciar la fluidez de ideas y desarrollar la creatividad.
  • EL ALQUIMISTA, libro escrito por Paulo Coelho, o EL PRINCIPITO, de Antoine de Saint-Exupery son ejemplos, de entre otros muchos, de una lectura inspiradora que nos enseña a ir más allá de lo vulgar, los límites y las dificultades para conseguir superarnos en el camino de nuestra existencia.

¡Y miles recursos más que hay por ahí! 🙂

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Indagar en este tipo de publicaciones puede ser de gran ayuda a la hora de despertar nuestro poder interior y dejarnos influenciar por una actitud positiva. De veras que en ella está la clave de nuestro bienestar y, por extensión, del bienestar que le aportemos a nuestro enfermo.

Además, amigos, lo bueno de estas dos sugerencias es que en muchos casos permiten un aprendizaje a través de la audición, sin necesidad de que tengamos que estar quietos en un mismo sitio y con nuestra vista pegada en una página. De hecho, yo aprovecho la hora de hacer la comida o irme a dormir para escuchar algunos de estos programas mientras mientras preparo las comidas o intento conciliar el sueño o  😉 .

En definitiva, queridos amigos, si como cuidadores estamos abocados a reinventar la realidad acorde con la de nuestro familiar y convivir con la fabulación que despliega la enfermedad de Alzheimer, mostrarnos predispuestos para hacer uso del pensamiento creativo y salirnos de lo lógico y convencional nos ayuda a afrontar muchos obstáculos de nuestra vida diaria, en todos los ámbitos y momentos, toda vez que nos enseña a convertirlos en experiencias y estrategias que podremos utilizar en aquellas situaciones de estrés elevado, para que el pánico o la desolación no nos desborde.

Espero que mis humildes consejos les sean de ayuda en su trabajo de cuidadores, pero especialmente para sentirse mejor y reforzar su autoestima y su optimismo.

Cuídense mucho, cuidadores. Un abrazo muy fuerte.

¡Hasta la próxima!