COLOREANDO LA VIDA CUANDO SE ES CUIDADOR.

 

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La mayor parte de las horas del día, actualmente, las paso en medio de una maraña de contradicciones que me confunden y llenan de desasosiego todo mi tiempo: he de levantarlo pronto, que hoy toca actividades temprano… ¡uy!, pero tiene sueño y se va a levantar de malhumor; mejor lo dejo dormir un poquito más, así descansa y se despierta más relajado… pero, ¡cachis!, se mueve muy lento, llegamos tarde; he de estar muy activa y alerta a lo que le pasa… pero no demasiado que lo estreso; he de recordarle lo que tiene que hacer, que su memoria cada vez es más frágil y efímera…pero no puedo insistirle demasiado, que sino piensa que soy una mandona; he de hacerle caminar un poco, dicen que los paseos activan la serotonina y eso es justamente lo que él necesita…, pero se cansa rápido y, ¡peligro, peligro!, se está enfadando a causa del cansancio; mejor nos quedamos en casa, tranquilos y ociosos… pero se ve que se aburre mucho; ¡ah, ya sé! mejor que se ponga con el ordenador y se distraiga con internet… pero cada vez controla menos su funcionamiento y nos pasamos minutos abriendo y cerrando ventanas; se me ocurre urdir una cita con algún amigo, así salimos de casa y eso seguro que lo despeja… ¡pero ahora resulta que no quiere salir!; ¿que quieres esto? Vale, te lo doy (en bandeja si hace falta) ahora mismo… ¡¿pero por qué ya no lo quieres?!; etc, etc, etc.

Y entre tanto ir y venir, entre tanto sí pero no y entre tantos cambios de ánimos, se te acaba de terminar un nuevo día. Así es la jornada de una cuidadora con un enfermo de alzheimer. En circunstancias como éstas, una termina agota… sin realmente haber hecho nada. Resulta fácil caer en la más absoluta frustración y apatía, y cuando menos te lo esperes, el desquilibrio emocional lo tiñe todo de gris. A menos que…

A menos que busques la manera de encontrar tiempo para ti, para hacer lo que te gusta, lo que tú quieres y sosegar tu mente. Y empoderarte para afrontar con la mayor plenitud el día que te espera como cuidadora, que, por lo demás, aunque parecen iguales por lo rutinarios que son, realmente nunca sabes en qué momento algo va a detonar una explosión de asombro, de desconcierto o de sorpresa.

Ya lo dejaba escrito James Allen:

Hay comienzos sobre los que no puedes tener ningún control ni autoridad. Éstos están fuera, en el universo, en el mundo de la naturaleza que te rodea y en otras personas que tienen la misma libertad que tú. No te preocupes por ese tipo de comienzos, dirige tus energías y atenciones a aquellos comienzos sobre los que tengas el completo control, porque son éstos los que determinan tu compleja red de resultados que componen tu vida”.

Y dado que cada día trae consigo un nuevo comienzo, lo mejor es habituarte a levantarte temprano, dos o tres horas antes de que tu familiar dependiente lo haga. Porque ese tiempo será un tiempo para ti, para tus cosas, para empezar la jornada pensando en ti, en lo que te hace sentir bien. Además, las primeras horas del alba poseen el plus de ser momento de calma, silencio, donde todo fluye despacio, sin ruidos ni distracciones.

Entiendo que no siempre es fácil despertarse temprano (¡que me lo digan a mí, que siempre he sido un búho nocturno! ^^), depende de dos cuestiones fundamentales: los hábitos de cada cuidador y los hábitos de nuestro enfermo, de la etapa de la enfermedad en la cual se encuentre. Pero si en tu presente, tu ser dependiente no padece alteraciones del sueño ni deambulaciones nocturnas, ¡no tienes excusas! Con voluntad y firmes deseos de autorrealización, puedes comenzar tu día empezando por ocuparte de ti. Yo, por ejemplo, aprovecho para estudiar, planificar mi jornada, revisar temas pendientes, para tomar un café express con alguna amiga tan madrugadora como yo, ¡para escribir este blog!, y mil cosas más.

En definitiva, se trata de encontrar unas horas al día exclusivamente tuyas que contrarresten la zona gris que como cuidador puedes experimentar, esa zona donde se escurre la vida con la sensación de no haberla aprovechado lo suficiente.

Por eso insisto en mi consejo: comienza la jornada desenfundando tus lápices de colores para llenar de luz y color tu cotidianidad. ¡En tu mano está la capacidad y la habilidad de poder lograrlo!

¡Y te juro que vale la pena tanta disciplina 😉 !

Porque,cuando dedicamos tanto tiempo al bienestar y cuidado ajeno, es fácil caer en la dejadez de nuestro propio cuidado, conviene crear un fuerte hábito de autoatención emocional para no desfallecer en mitad de nuestra labor como cuidadores. Al fin y al cabo, no podemos dar nada que no tengamos, así que, ¿cómo vamos a ser capaces de brindar cuidados y apoyos de calidad a nuestro enfermo si no contamos con el suficiente bienestar dentro de nosotros?

PD: Al hilo de todo lo que acabo de expresar, se me viene a la memoria un artículo  leído en una página web fabulosa de autoayuda y motivación llamada LA MENTE ES MARAVILLOSA, que reflexiona sobre nuestras capacidades de transformar los obstáculos o adversidades en nuevas oportunidades para el crecimiento personal.¡échale un vistazo, ¡seguro que te inspira! ^^

 

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